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UNA CUESTIÓN DE…LLAMÉMOSLO AMOR

por  |  publicado en: empleoparamusicos.com 

Una vez leí que la forma más efectiva de confirmar si tu vocación y tu profesión coinciden es preguntándote: “¿seguiría trabajando en lo mismo si me tocase la lotería?” Estoy segura de que una gran parte de la población contestaría que “no” sin dudar, que otros se lo pensarían (pero acabarían diciendo que “no” igualmente) y finalmente quedaríamos nosotros, los músicos, los artistas, los que ya estarían pensando en adquirir su nueva flauta de oro (como es mi caso), su nuevo piano gran cola o en apuntarse a ese máster tan caro y prestigioso antes de que acabara siquiera de formular la pregunta de la lotería.

 

Nunca he dudado sobre ésto, es decir, siempre he pensado que los músicos (y los artistas en general) lo somos de vocación; pero a la pregunta de la lotería yo añadiría una respuesta más: “quizás dejaría de hacer lo que hago, dejaría de tocar en conciertos mal pagados, de impartir clases mal remuneradas, de andar de allí para acá con veinte trabajos al mismo tiempo y haciendo malabares con los horarios, de trabajar de lunes a domingos incluidos festivos. En definitiva, dejaría todo eso que acabo de nombrar, porque nada tiene que ver con el bello arte de crear sonidos”. Entonces…¿no amo mi trabajo? ¡Todo lo contrario! ¿Qué persona en sus cabales aguantaría todo lo que acabo de enumerar? (y muchas más cosas que se podrían añadir a la lista). Es justamente porque amamos la música que aguantamos todo lo que se nos venga encima con tal de hacernos un huequecito en este mundo tan difícil y competitivo. Creo que en ocasiones incluso llegamos a ser un poco camicaces, sobre todo cuando somos jóvenes y cogemos todo tipo de trabajos, clases, conciertos, sustituciones o cursos que se nos pongan por delante.

Aquí es donde viene mi reflexión, fruto de mi experiencia: es necesario marcarse metas claras y precisas a corto, medio o largo plazo; centrarse en ellas y trabajarlas. También hay que equivocarse y experimentar, hay que moverse, en tu país o en el extranjero. Pero lo más importante es tratar de no malgastar la energía en trabajos que no merecen la pena a largo plazo, en lugares donde no te valoran con horarios agotadores los cuales no hacen más que alejarte de tu objetivo. No digo que esas cosas no se deban hacer, todos necesitamos dinero para vivir y todo cuenta como experiencia, tal como citaba el escritor James Baldwin: “El precio que se paga por ejercer alguna profesión o vocación, es un conocimiento íntimo de su lado feo”. Yo misma he conocido ese lado “feo” durante años y seguro que muchos de vosotros también, por eso pienso que cuanto antes sepamos qué es lo que queremos o necesitamos hacer profesionalmente, antes nos pondremos en marcha para conseguirlo. Si deseas ser solista, estudia, viaja y recibe clases de los grandes como si no hubiese un mañana; si tu pasión es tocar en una orquesta, apúntate y prepárate para todas las audiciones posibles; si deseas ser docente, no dejes pasar ni una sola oposición sin presentarte.

El tiempo vuela, y de la misma forma los sueños se desvanecen si no se lucha por ellos. Así que, estando tan segura como lo estoy de que ningún músico dejaría jamás su arte ni aunque le tocase la lotería, también sé que la vocación se puede destruir si no se cuida, porque tan malo es ser un gran pintor encerrado en un trabajo de camarero, como ser un gran concertista encerrado en un aula impartiendo clases a diario. La decisión de luchar y salir de la zona de confort, de realizar los esfuerzos que sean necesarios para que tu vocación se convierta en tu profesión sólo la puede tomar uno mismo. Como cita esta bella frase de la película (muy recomendable) El Guerrero Pacífico: “El guerrero no se rinde ante lo que le apasiona, encuentra el amor en lo que hace”. Nosotros ya hemos encontrado a nuestro gran amor, ahora trabajemos y cuidémoslo para que nos dure toda la vida.

Un abrazo para todos mis musiquillos de corazón,

Ángela

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