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'Tocar el oboe', un artículo de Manuel Castelló

 Manuel Castelló

Compartimos un nuevo artículo de opinión del músico agostense Manuel Castelló, titulado 'Tocar el oboe'.

Se me han ocurrido estas reflexiones tras escuchar en Facebook una intervención televisiva de un periodista (dicen que famoso) sobre tocar el oboe y a la vez escuchando un CD en el equipo a mi querida Banda Municipal de Alicante la maravillosa composición del maestro alcoyano Barrachina Escenas Levantinas donde el compositor retrata sonoramente cinco episodios de la vida y costumbres de nuestro pasado inmediato en los pueblos de la montaña alicantina.

Relataba el periodista a otro contertulio que cuando niño asistía a las clases de la academia de música de su pueblo y quería tocar el clarinete, el maestro le propuso tocar el oboe, porque de clarinetes ya tenía el cupo lleno. Bueno, pues los dos protagonistas de la telebasura, entre risas, mofas y cachondeos, analizaban el papel del oboe en una partitura, que si en quince minutos solo hace pi, que si hace pa… o sea que según ellos, el papel del oboe en una partitura es solo presencial; que si no se ha hecho famoso nadie por tocar el oboe. En definitiva que el papel del oboe era para hacer bonito, como una flor en la solapa o un broche, o sea, que no tiene ninguna importancia.

 

Y yo pregunto: ¿Habrán escuchado alguna vez esos señores “televiseros” a algún oboísta tañer su instrumento, la Sinfonía en Do de Bizet, el Concierto de Marcello, o el de Ricardo Strauss o algo mucho más fácil que hubiera podido escuchar, llegar a sus oídos… las intervenciones del oboe en la Suite - Ballet de Tchaikovsky El Lago de los Cisnes? Creo que no, que esos señores que protagonizan un programa de los más vistos de las televisiones españolas no entienden de nada, sólo de chismes y no me puedo creer, o por lo menos me cuesta muchísimo creerlo, que en los estudios de periodismo en la Universidad no les hayan obligado a tener una amplia cultura general, incluida la musical para poder desenvolverse en su profesión y sobre todo en el mundo de la televisión. ¿O es qué quizás no han ido a ninguna escuela de periodismo y han medrado sólo por hacer la pelota y contar chismes? No lo sé, ciertamente. El caso es que esos programas de telebasura están triunfando desmesuradamente y todo por la escasa cultura en general que reina en nuestro país y, en especial, la nula cultura musical, pese a tantos cambios en nuestro sistema educativo.

La cosa tiene INRI, puesto que para hablar, para opinar de matemáticas, supongo de deberá hacerlo un matemático, de medicina un médico, de animales un zoólogo, de geografía un geógrafo, de poesía un poeta, de literatura un filólogo o literato, de química un químico….y así; pero de música, aquí en nuestro país, no opina un músico, opina cualquier cantamañanas y ese fulano o mengano nos dice que hemos de escuchar y que es lo mas bueno y mejor, a pesar de no ser una persona versada en música, llegando incluso a decirnos a los músicos cómo, cuándo y qué es lo mejor que debemos escuchar e interpretar, siendo así tan cierto que en general confunden, incluso muchos músicos: una balada con una rapsodia, una obertura con un preludio, un fandanguillo con una soleá, una malagueña con un ricercare, un bolero con un pasodoble, una canción española con un mariachi, una melodía o cancioncilla con un nocturno, un batiburrillo de melodías con un poema sinfónico, una retahíla de danzas y canciones con una suite o sinfonía….y así casi todo en música, y los que entienden algo cuando se habla de música, han de estar calladitos, guardarse sus opiniones para no discutir; y en caso de querer opinar, tener que aguantar que le tachen de pasado de moda, o lo que es peor, antigualla o carca. Asimismo sucede en las interpretaciones, incluso en el teatro, se confunde una lectura con un recitado, un ejercicio sin ningún matiz con una interpretación y a un mimo, gesticulador, o bailarín con un director de orquesta.

Ante este panorama tan desolador de la sublimidad de la música en España, este servidor se pregunta: ¿De qué, para qué le han servido los cursos de historia y estética del Conservatorio, tantos años de su juventud perdidos para intentar ser un buen profesional de la música, para qué los estudios de harmonía, contrapunto, fuga, composición, para qué tanto sacrificio, si después las opiniones que cuentan son las de cualquier parlanchín “chafacharcos” y la opinión de quien ha estudiado música no cuenta, sólo cuentan las barbaridades y sandeces de boca de ignorantes, analfabetos, cuya zafiedad desborda sin medida cualquier vaso?

Recuerdo en el Otoño Musical soriano, del cual soy asiduo, una magistral interpretación de la Orquesta Sinfónica de Valencia con un Joaquín Achúcarro al piano, interpretando con singular maestría a Grieg y glosando con una 5ª Sinfonía de Tchaikovsky con Ramón Tebar a la batuta emocionando al auditorio y en especial a este servidor; una orquesta con unos solistas maravillosos, un director elegante, sin saltos, gesticulaciones, piruetas, ni bailes, nada para la galería, pero que interpretaba a la vez que estaba pendiente de la orquesta sin escapársele ningún detalle, situando la orquesta como acompañante del solista y haciéndola protagonista cuando correspondía en cada caso, en fin una 5ª de Tchaikovsky, una orquesta, un solista y un director para recordar. Exactamente igual que la Orquesta de Euskadi con el Orfeón Donostiarra y Alexander Liebreich interpretando una 9º de Beethoven digna de los mayores elogios, un coro trabajado hasta el mínimo detalle y una orquesta dócil, con una sonoridad envidiable y un director que era, el “Alma Mater” de esa aventura maravillosa que es la interpretación y escucha de la Novena Sinfonía del genio de Bonn. Pero como hemos apuntado antes, por ahí no van los tiros, en vez de trabajo y sacrificio, se prefieren actuaciones más populacheras, con pocas o ninguna dificultad, que llegue a la gente sin problemas, el aplauso y éxito fácil, para que opinen los analfabetos de la telebasura, y vuelvo a preguntarme: ¿para qué los profesores de música desde nuestra más tierna infancia, si hasta cuando hacemos palmas en cualquier marcha, pasodoble o himno lo hacemos sin ritmo? Y me duelo, hago masa con esos profesionales de la enseñanza por comprender su drama diario para intentar inculcar en su cabeza, que ya no en su espíritu, algo de lo que forma parte indisoluble de la humanidad. ¡LA MÚSICA!

Cuando acabó la segunda guerra mundial, esa locura que destrozó Europa y por ende el Mundo, H. von Karajan se hizo cargo de la batuta de la Filarmónica de Berlín. Uno de los proyectos que realizó fue la filmación de las Sinfonías de Beethoven; esas filmaciones las emitió televisión española cuando los conciertos y obras teatrales se emitían en horas de audiencia, cada semana teatro los jueves y concierto sinfónico los viernes. Recomiendo su escucha puesto que, después de más de cincuenta años sigue vigente el maestro Karajan con la Filarmónica de Berlín, siguen siendo una enseñanza con el gesto de sus manos, sus respiraciones y la comisura de sus labios, que nos van relatando el programa, el mensaje sinfónico beethoveniano, pese a lo adusto de su semblante, y eso lo hacían músicos de un país vencido, hundido, humillado, repartido, dividido… la orquesta y su director interpretan la música de Beethoven con una sublimidad difícil de superar, puesto que era lo único que les quedaba. ¡Beethoven, La Música!

Ojalá se eliminen de nuestras televisiones esos comentaristas tan zafios y analfabetos y podamos disfrutar de comentarios musicales, de opiniones si no sabias, por lo menos que no nos desprecien, ninguneen ni humillen como hasta ahora están haciendo, y esperemos por el bien de la música que esto cambie, aunque visto lo visto le auguro una difícil solución.

Manuel Castelló Rizo

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